Cómo preparar la primera reunión con un negocio local: qué investigar, qué llevar y qué preguntar
Guía práctica para la primera visita o reunión con un pequeño negocio: qué revisar antes, qué llevar hecho, qué preguntas hacer, cómo hablar de dinero y cómo salir con un siguiente paso acordado.
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Conseguir diez minutos con el dueño de un negocio cuesta mucho. Has llamado o te has pasado por el local, has encontrado el momento, te ha dicho «vale, ven el jueves a las once». Y ahí es donde muchas ventas se pierden sin que nadie lo note: llegas, enseñas lo que haces, el dueño asiente, te dice que se lo piensa, y sales con la sensación de que ha ido bien. Dos semanas después no contesta al teléfono.
Casi nunca falla por el precio ni por el producto. Falla porque la reunión se usó para hablar en lugar de para escuchar, porque no se llevó nada hecho para ese negocio en concreto o porque terminó sin acordar qué pasa después. Las tres cosas se arreglan con preparación, y la preparación no lleva horas: con quince o veinte minutos bien empleados llegas sabiendo más del negocio que la mayoría de los comerciales que pasan por su puerta.
Esta guía es para quien vende webs, marketing, reservas online, software de gestión o cualquier servicio a pequeños negocios en España. Explica qué revisar antes, qué llevar y qué no, a qué hora ir, qué preguntas hacen hablar al dueño, cómo sacar el tema del dinero, cómo cerrar con un siguiente paso y qué hacer nada más salir por la puerta.
Respuesta corta: antes de la reunión, revisa su web, su ficha de Google, sus reseñas y cómo reservan o compran sus clientes, y elige un solo problema concreto que puedas demostrar. Lleva algo hecho para ese negocio (una maqueta, una captura comparada, un cálculo) en lugar de un dossier genérico. En la reunión, habla poco al principio y pregunta cómo funcionan hoy, qué les quita tiempo y qué han probado ya. Pregunta pronto quién decide y qué presupuesto manejan. No te vayas sin un siguiente paso con fecha y sin saber por dónde prefieren que les mandes la propuesta.
Para qué sirve de verdad la primera reunión
Antes de preparar nada conviene tener claro qué quieres conseguir, porque cambia todo lo demás. En la primera reunión con un pequeño negocio casi nunca se firma. Lo normal es que el dueño necesite pensarlo, consultarlo con su socia o mirar números. Si entras con la idea de cerrar ahí mismo, vas a apretar donde no toca y vas a hablar demasiado.
El objetivo realista tiene tres partes:
- Entender cómo funciona el negocio y qué le cuesta hoy dinero, tiempo o clientes. No lo que tú crees que le falta, sino lo que a él le preocupa.
- Comprobar si lo tuyo le encaja. A veces la respuesta es que no, y saberlo en la primera reunión es una buena noticia: no pierdes semanas persiguiendo algo que no iba a salir.
- Salir con un siguiente paso concreto: una propuesta que te ha pedido, una segunda visita con su socio, una prueba, una fecha. Algo que los dos sepáis que va a pasar.
Si sales con esas tres cosas, la reunión ha ido bien aunque no hayas vendido nada. Si sales con un «muy interesante, ya te digo algo», no ha ido bien aunque el dueño haya sido encantador.
Quince minutos de preparación que se notan
La preparación no consiste en hacer una auditoría completa del negocio. Consiste en llegar con tres o cuatro datos que demuestren que has mirado su negocio y no una plantilla. Esto es lo que merece la pena revisar, en este orden:
| Qué miras | Dónde | Qué te dice |
|---|---|---|
| Si tiene web propia y en qué estado está | Buscando su nombre y abriendo la web en el móvil | Si se ve bien en el teléfono, si tiene HTTPS, si se puede reservar o comprar, si está actualizada |
| Su ficha de Google | Google Maps | Horario, fotos, categoría, si la web que enlaza es la suya o un directorio |
| Las reseñas, leídas, no solo la nota | La ficha de Google y, en hostelería, otras plataformas | De qué se quejan los clientes y qué elogian: suele ser oro para la reunión |
| Cómo reservan o compran sus clientes | La web, la ficha y las redes | Si usan teléfono, WhatsApp, una plataforma con comisión o nada |
| Sus redes sociales | Instagram o Facebook | Si publican, cada cuánto y si alguien contesta los comentarios |
| Dos competidores cercanos | Google Maps, misma categoría, mismo barrio | Qué tienen ellos que este negocio no tiene, y al revés |
| Quién es el dueño o quién decide | La web («quiénes somos»), el aviso legal, la conversación previa | Con quién vas a hablar y si hará falta una segunda reunión |
Con eso suele bastar. Lo que buscas al final de esos quince minutos es un problema concreto y comprobable que puedas poner sobre la mesa. No «vuestra presencia digital se puede mejorar», que no significa nada, sino algo como:
- «Vuestra web no deja reservar y en las reseñas dos personas dicen que no les cogíais el teléfono.»
- «En el móvil, el menú tapa el teléfono y no se puede pulsar.»
- «La ficha de Google enlaza a una página de un directorio, no a vuestra web.»
- «La peluquería de la esquina sale antes que vosotros en Maps y tiene fotos de los trabajos; vosotros tenéis tres fotos de la fachada.»
Una observación así hace dos cosas a la vez: demuestra que te has tomado la molestia y le da al dueño algo real sobre lo que opinar. Si lo que vendes es una web nueva, en la guía sobre cómo saber si un negocio necesita una web nueva tienes las señales que más pesan. Y si vendes otra cosa, en qué ofrecer a cada tipo de negocio local explicamos qué suele faltar en cada sector.
Una advertencia: no llegues sabiendo demasiado de lo personal. Si en la reunión sueltas que has visto en Instagram que el dueño estuvo de vacaciones en Asturias, no vas a parecer preparado, vas a parecer raro. Lo que te interesa es el negocio, no la persona.
Qué llevar y qué dejar en casa
Lo que llevas a la reunión dice más de ti que lo que cuentas. Hay una regla que funciona casi siempre: una cosa hecha para ese negocio vale más que diez cosas genéricas.
Algunas ideas según lo que vendas:
- Si vendes webs: una maqueta de la portada con su nombre, sus fotos (las de la ficha de Google sirven para una prueba interna) y su horario. No tiene que ser perfecta, tiene que ser suya. Lo explicamos con más detalle en cuánto cobrar por una web a un pequeño negocio, porque esa maqueta también ayuda a justificar el precio.
- Si vendes reservas online o software de citas: un cálculo sencillo de lo que pagan hoy en comisiones a una plataforma, o del tiempo que pasan al teléfono dando citas.
- Si vendes marketing o posicionamiento local: una captura de cómo aparece hoy en Google Maps al buscar su sector en su barrio, al lado de la de los dos competidores que has mirado.
- Si vendes redes sociales: tres ejemplos de publicaciones hechas con sus propias fotos, no con fotos de banco.
Lleva también, por si las pide, dos o tres referencias de negocios parecidos con los que hayas trabajado, y una idea clara de tus precios, aunque no las enseñes si no salen.
Lo que conviene dejar en casa:
- El dossier de veinte páginas. Nadie lo va a leer delante de ti y tampoco después.
- La presentación en el portátil con diapositivas. En un mostrador o en la barra de un bar es incómoda y pone distancia. Un móvil, una tablet o un par de hojas impresas funcionan mejor.
- El contrato. Si sale bien, se manda después. Llevarlo en la carpeta en la primera reunión transmite prisa.

Imagen generada con IA. Una maqueta con las fotos y el nombre del propio negocio abre más conversación que cualquier presentación genérica.
Dónde y cuándo: la hora tranquila de cada negocio
Lo ideal es reunirse en su local. El dueño está cómodo, no pierde tiempo desplazándose y tú ves cosas que no salen en ninguna web: la libreta de citas junto al teléfono, la cola que se forma a las dos, el datáfono viejo, la pizarra con el menú escrito a mano.
El problema del local es que el negocio sigue funcionando mientras habláis. Por eso la hora importa tanto como la preparación. No hay reglas exactas, pero esto suele funcionar:
| Tipo de negocio | Mejor momento | Momento a evitar |
|---|---|---|
| Bares y restaurantes | Media mañana (10:30–12:00) o media tarde (16:30–18:30) | La hora de comidas y el arranque de la cena |
| Peluquerías y estética | El día y la hora con menos citas, que el propio negocio te dirá | Viernes y sábados |
| Clínicas | Antes de la primera consulta o en el hueco del mediodía | Durante el horario de consultas |
| Tiendas | Primera hora tras abrir o media tarde entre semana | Sábados y primeras semanas de rebajas |
| Talleres y oficios | Primera hora o al final de la jornada | Cuando hay un coche en el elevador o una obra en marcha |
Pide veinte o treinta minutos, no una hora. Es más fácil que te digan que sí, y si la cosa va bien, el dueño será quien alargue. Y confirma la cita el día antes con una llamada corta o por el canal que te dijeron: es una cortesía y te ahorra plantones.
Los primeros cinco minutos
El arranque marca el tono del resto. Unas pocas cosas ayudan mucho:
Llega puntual y adáptate a lo que ves. Si entras y hay tres clientes esperando, ofrécete a esperar o a volver en media hora. Esa sola frase te da más puntos que cualquier argumento.
Recuerda por qué estás ahí, en una frase. «Como le comenté por teléfono, he estado mirando cómo os encuentran los clientes por internet y he visto un par de cosas que creo que le pueden interesar.» Nada de historia de tu empresa ni de tus años de experiencia.
Pon sobre la mesa tu observación concreta, pero como pregunta. «He visto que en la web no se puede reservar y que hay reseñas de gente que dice que no conseguía llamar. ¿Os pasa mucho?» Así no le dices que lo hace mal, le preguntas por su experiencia. Y a partir de ahí, deja que hable.
Avisa de cuánto vas a tardar. «Le robo veinte minutos como mucho.» Y cúmplelo, o pregunta si puedes alargar. El dueño de un pequeño negocio está pendiente del reloj todo el rato; saber cuándo vas a terminar le deja escuchar.
Las preguntas que hacen hablar al dueño
Si en una reunión de veinte minutos hablas tú quince, has perdido una oportunidad. Lo que el dueño te cuente es lo que luego vas a usar en la propuesta, y nadie compra una solución a un problema que no ha dicho en voz alta.
Las preguntas que mejor funcionan son abiertas, concretas y sobre su día a día. Agrupadas por lo que quieres averiguar:
Cómo funciona hoy
- «¿Cómo os llegan los clientes nuevos? ¿Qué parte viene de Google, de recomendación, de pasar por la puerta?»
- «¿Cómo gestionáis hoy las citas (o los pedidos, o los presupuestos)? ¿Quién lo lleva?»
- «¿Qué pasa cuando alguien llama y estáis ocupados?»
Qué le quita tiempo o dinero
- «¿Qué es lo que más tiempo os quita en una semana normal y que no es atender al cliente?»
- «¿Hay clientes que se os escapan? ¿Cuándo os dais cuenta?»
- «Si pudieras quitarte de encima una tarea, ¿cuál sería?»
Qué ha probado ya
- «¿Habéis tenido web antes o trabajado con alguien para esto? ¿Qué tal fue?»
- «¿Qué es lo que no repetiríais?»
Esta última es de las más útiles que puedes hacer. Muchos pequeños negocios han tenido una mala experiencia: un sobrino que hizo la web y desapareció, una agencia que cobraba cada mes sin hacer nada, una plataforma que se quedaba con un porcentaje. Si lo sabes, sabes también qué miedo tienes que despejar.
Cómo decide y con qué dinero
- «Si esto os encajara, ¿lo decidiría usted o lo hablaría con alguien más?»
- «¿Tenéis pensado algún presupuesto para esto, aunque sea aproximado?»
- «¿Hay algún momento del año que os venga mejor o peor para ponerlo en marcha?»
No hace falta hacerlas todas. Elige cuatro o cinco según lo que ya sepas y deja que la conversación fluya. Y cuando el dueño conteste, aguanta el silencio dos segundos antes de hablar tú: muchas veces lo más interesante viene después de la primera respuesta.
Hay también preguntas que conviene no hacer:
- Las que se contestan solas con su web. «¿A qué os dedicáis?» le dice que no has mirado nada.
- Las que llevan la respuesta dentro. «¿No crees que necesitas una web mejor?» Nadie quiere contestar a eso.
- Las técnicas que no entiende. «¿Tenéis bien configurados los datos estructurados?» Si la pregunta necesita una explicación, no es para esta reunión.

Imagen generada con IA. Lo que ves en el local, como una agenda de papel junto al teléfono, cuenta tanto como lo que te dicen.
Cómo enseñar lo que has traído
Lo que traes hecho no se enseña al principio. Se enseña cuando el dueño te ha contado su problema con sus palabras, porque entonces lo que le pones delante es la respuesta a lo que acaba de decir, no un catálogo.
Un orden que funciona:
- Repite su problema con sus palabras. «Me dice que los sábados se os escapan citas porque no dais abasto al teléfono.»
- Enseña lo que has preparado y conéctalo con eso. «Mire, esto es cómo quedaría vuestra web con un botón de reservar: la gente elige hora sin llamar.»
- Déjale tocarlo. Que pase él las pantallas, que lo vea en su móvil. Lo que uno toca se lo imagina suyo.
- Calla y espera su reacción. Si pregunta «¿y esto cuánto cuesta?», buena señal. Si pregunta «¿y esto lo podría cambiar yo?», mejor todavía: ya se está imaginando usándolo.
Si en la conversación descubres que lo que traías no tiene nada que ver con su problema real, no pasa nada. Dilo: «Lo que he traído va por otro lado, pero con lo que me cuenta creo que tendría más sentido esto otro». Es mucho más creíble que forzar la maqueta.
Cuando sale el dinero
Muchos comerciales evitan hablar de dinero en la primera reunión y lo dejan para la propuesta. Es un error: si el dueño tiene en la cabeza 300 euros y tú vas a proponer 2.000, mejor saberlo hoy que después de pasarte una tarde preparando una propuesta que va a acabar en el cajón.
No hace falta dar un precio cerrado, pero sí un orden de magnitud:
- Si el dueño pregunta, contesta con una horquilla: «Una web como esta suele estar entre 900 y 1.500 euros, según lo que lleve. Con lo que me ha contado, creo que estaríamos en la parte baja».
- Si no pregunta, sácalo tú hacia el final: «Para que no le mande algo fuera de lo que tiene pensado, ¿qué cifra le parecería razonable para algo así?».
- Si la respuesta está muy lejos de lo que tú puedes hacer, dilo con claridad y, si existe, propón una versión más pequeña. Y si tampoco encaja, es mejor dejarlo ahí que fingir.
Hablar de dinero pronto no te hace parecer interesado. Te hace parecer alguien que no quiere hacerle perder el tiempo. Si necesitas una referencia de precios, en cuánto cobrar por una web a un pequeño negocio tienes rangos orientativos y cómo presentarlos en tres opciones.
Cómo cerrar la reunión con un siguiente paso
Los últimos dos minutos son los que más se descuidan y los que más importan. La reunión tiene que terminar con algo acordado. Las opciones habituales, de más a menos comprometida:
- «Le preparo la propuesta y se la enseño el martes aquí mismo.» La mejor: tiene fecha y la entregas en persona.
- «Le mando la propuesta por email el jueves y el lunes le llamo para comentarla.» Correcta, si te ha dicho que quiere recibirla por email.
- «Quedamos otro día con su socia para enseñárselo a ella también.» Si no decide él solo, es el paso más útil que puedes conseguir.
- «Lo dejamos para después del verano; le llamo la primera semana de septiembre.» No es un sí, pero es un paso con fecha.
Para llegar ahí, lo más sencillo es preguntarlo de forma directa: «¿Cómo lo hacemos? ¿Le preparo una propuesta con dos opciones y se la enseño la semana que viene?». Y antes de irte, pregunta por dónde prefiere recibirla: «¿Se la mando por email o por WhatsApp?». Esa respuesta es importante también por un motivo legal: si te pide que se lo mandes, ese mensaje es algo que él ha solicitado, y enviarlo es correcto. Escribirle sin que te lo haya pedido no lo sería. Tienes los detalles en la guía sobre si es legal contactar en frío con negocios en España.
Si la reunión termina en un «ahora no», no lo des por perdido: pregunta cuándo tiene sentido volver a hablar y por dónde. En cómo hacer seguimiento a un negocio que te dijo «ahora no» explicamos qué hacer a partir de ahí.
Y si notas que es un no claro, agradécelo y vete con buen sabor de boca. El dueño de un negocio de barrio habla con otros dueños de negocios de barrio. Que te recuerden como el que no insistió también vende.
Lo que haces nada más salir por la puerta
Lo que pasa en la media hora siguiente a la reunión decide muchas ventas. Tres cosas:
Apunta todo antes de arrancar el coche. Lo que te contó con sus palabras, el problema principal, quién decide, el presupuesto que mencionó, el siguiente paso con su fecha y el canal por el que quiere recibir las cosas. En una hora ya no te acordarás de la mitad. Apunta solo lo que tiene que ver con el negocio y la venta; no hace falta guardar datos personales que no vas a usar.
Manda un resumen corto si te dijo que lo hicieras. Tres o cuatro líneas: gracias por el tiempo, lo que entendiste de su situación, lo que vas a hacer tú y cuándo. Esto evita malentendidos y le demuestra que escuchaste. Ejemplo:
Hola, Carmen. Gracias por recibirme esta mañana. Me quedo con que lo que más os preocupa es que en primavera no dais abasto con los pedidos por teléfono y que queréis que la gente pueda encargar ramos desde la web. Te preparo dos opciones con precio cerrado y te las enseño el martes a las once en la tienda, como quedamos. Un saludo, Pablo.
Cumple el plazo que diste. Si dijiste el martes, es el martes. Llegar tarde con la primera cosa que prometes es la peor carta de presentación.

Imagen generada con IA. Lo que no apuntes en los cinco minutos después de la reunión, probablemente se pierda.
Situaciones que te vas a encontrar
Ninguna reunión sale como la tenías en la cabeza. Estas son las que más se repiten y una forma razonable de llevarlas:
Entra un cliente a mitad de conversación. Para, apártate y espera. No sigas hablando al dueño mientras cobra. Cuando vuelva, resume en una frase dónde estabais. Si pasa tres o cuatro veces seguidas, propón volver a otra hora: no es un fracaso, es respeto.
Aparece el socio o la pareja que no esperabas. Bienvenido. Preséntate, resume en dos frases de qué habéis hablado y hazle a él o ella una de tus preguntas. Muchas veces es quien decide y acabas de ahorrarte una segunda reunión.
«Eso ya me lo hace mi sobrino.» No discutas ni hables mal del sobrino. Pregunta cómo va: «¿Y qué tal? ¿Os lo actualiza cuando lo necesitáis?». Si va bien, perfecto, y te vas sin insistir. Si no va tan bien, el propio dueño te lo contará.
«¿Cuánto cuesta?» en el minuto dos. Da la horquilla y añade que depende de lo que necesite, por eso preferirías hacerle un par de preguntas. Evitar la pregunta despierta desconfianza; contestarla rápido y volver a lo tuyo no.
«Vale, adelante» en la misma reunión. Pasa, sobre todo con dueños que ya tenían el problema muy claro. No sigas vendiendo: confirma lo que incluye, el precio y el plazo, y dile que le mandas la propuesta por escrito esa misma tarde para que lo tenga todo claro. Lo que se acuerda de palabra conviene dejarlo por escrito.
Te das cuenta de que no le encaja. Díselo. «Sinceramente, con lo que me cuenta, creo que ahora mismo no le compensa.» Vas a perder esa venta, que no iba a salir, y vas a ganar a alguien que quizá te recomiende.
Cómo te ayuda Coworky a preparar la reunión
Los quince minutos de preparación por negocio están bien cuando tienes una reunión a la semana. Cuando quieres trabajar una zona o un sector entero, se convierten en horas. Para eso está Coworky.
Buscas por sector y municipio o código postal, y Coworky te devuelve hasta veinte negocios. De cada uno puedes pedir un análisis que comprueba si tiene web oficial propia o solo aparece en directorios, si la web se ve bien en el móvil, si usa HTTPS, si tiene reservas online o tienda, qué redes enlaza y qué datos de contacto publica en su propia web. Con todo eso le da una puntuación de oportunidad alta, media o baja. Es justo la parte de la preparación que más tiempo lleva hacer a mano.
Si le has contado a Coworky en una o dos frases lo que vendes, puedes pedir además un informe con IA para ese negocio. El informe incluye:
- Un resumen de la situación, solo con los hechos comprobados en el análisis.
- El encaje con lo que tú vendes (alto, medio o bajo) y el motivo, citando la evidencia. Si no encaja, lo dice.
- Oportunidades concretas, cada una basada en algo que se ha comprobado.
- Preguntas clave para la reunión: lo que el análisis no puede saber (cómo gestionan hoy las citas, quién lleva la web) aparece como pregunta, no como afirmación.
- Un guion breve para la primera llamada o visita.
- Las objeciones probables y una forma de responderlas.
El informe está construido para no inventar: solo recibe hechos comprobados y tiene prohibido afirmar nada más. No sustituye a leer las reseñas ni a mirar a la competencia, que siguen siendo trabajo tuyo, pero te deja la base hecha y te permite decidir antes de ir si merece la pena la visita.
Lo que Coworky no hace: no concierta reuniones, no envía emails ni mensajes a los negocios y no es un CRM. Puedes guardar cada negocio en tu cartera y marcar en qué punto está (nuevo, contactado, interesado, cliente o descartado), pero las notas de la reunión y las fechas de seguimiento tendrás que llevarlas en tu hoja o tu agenda.
Puedes probarlo con 3 búsquedas y 10 análisis gratis, sin tarjeta, y los planes empiezan en 19 € al mes más IVA. Los tienes en la sección de precios. Si prefieres empezar por algo sin registro, el analizador gratuito de webs revisa una web concreta y el generador de guiones de llamada en frío te ayuda con la llamada que consigue la reunión.
Los errores que más se repiten
- Hablar más que el dueño. Si al salir sabes poco más que al entrar, has hablado demasiado.
- Llevar lo mismo a todos. Un dossier genérico le dice al dueño que es uno más en tu lista.
- Empezar criticando. «Vuestra web está fatal» pone a la defensiva a cualquiera, sobre todo si la hizo un familiar. Pregunta en lugar de juzgar.
- No preguntar quién decide. Y descubrir tres semanas después que la que firma es la socia, que nunca te ha visto.
- Esquivar el dinero. Preparar una propuesta de 2.000 euros para alguien que pensaba en 300.
- Irte sin un siguiente paso. «Ya hablamos» no es un paso; «el martes a las once» sí.
- Mandar la propuesta una semana tarde. El interés se enfría rápido y otro puede llegar antes.
- Escribir sin permiso después. Si no te dijo que le escribieras, llama o vuelve a pasar; no le metas en una lista de correo.
Lista para la mañana de la reunión
Antes de salir de casa, repasa esto:
- [ ] He confirmado la hora el día antes.
- [ ] He mirado su web en el móvil, su ficha de Google y sus reseñas.
- [ ] He comparado con dos competidores cercanos.
- [ ] Tengo un problema concreto y comprobable para abrir la conversación.
- [ ] Llevo una cosa hecha para este negocio (maqueta, captura o cálculo).
- [ ] Tengo cuatro o cinco preguntas elegidas, incluida la de quién decide.
- [ ] Sé qué horquilla de precio voy a dar si me preguntan.
- [ ] Sé qué siguiente paso quiero proponer.
- [ ] Tengo dónde apuntar al salir.
Preguntas frecuentes
¿Cuánto debe durar la primera reunión con un pequeño negocio?
Entre veinte y treinta minutos. Pide poco tiempo y cúmplelo: es más fácil que te lo concedan, el dueño escucha mejor si sabe cuándo terminas y, si la conversación va bien, será él quien la alargue.
¿Es mejor reunirse en el local del negocio o en otro sitio?
En su local, casi siempre. El dueño está cómodo y tú ves cómo funciona el negocio de verdad. El inconveniente son las interrupciones, que se reducen eligiendo la hora tranquila de cada sector: media mañana en hostelería, primera hora en tiendas y talleres, huecos sin citas en peluquerías y clínicas.
¿Qué preguntas hacer en una reunión con un posible cliente?
Preguntas abiertas sobre su día a día: cómo le llegan los clientes nuevos, cómo gestiona hoy las citas o los pedidos, qué le quita más tiempo, qué ha probado antes y qué no repetiría, quién decide y qué presupuesto tiene pensado. Elige cuatro o cinco según lo que ya sepas y escucha más de lo que hablas.
¿Hay que hablar de precio en la primera reunión?
Sí, al menos de un orden de magnitud. Si el dueño pregunta, da una horquilla realista. Si no pregunta, sácalo tú hacia el final para no preparar una propuesta que esté muy lejos de lo que tiene en la cabeza. Hablar de dinero pronto ahorra tiempo a los dos.
¿Qué llevo a una reunión para vender una web a un negocio?
Una maqueta de la portada con su nombre, sus fotos y su horario, aunque sea sencilla, y dos o tres referencias de negocios parecidos. Funciona mucho mejor que un dossier genérico o una presentación con diapositivas. El contrato, mejor después.
¿Puedo mandar un email al negocio después de la reunión?
Si te ha pedido que le mandes la propuesta o un resumen por email, sí: es una comunicación que él ha solicitado. Si no te lo ha pedido, la LSSI no permite enviarle comunicaciones comerciales por email sin consentimiento, aunque sea una empresa. Por eso conviene preguntar antes de irte por dónde prefiere recibir las cosas. Esto es un resumen práctico, no asesoramiento jurídico.
¿Qué hago si el dueño me dice que se lo tiene que pensar?
Pregunta qué necesita para decidir y acuerda una fecha: «¿Le parece que le llame el jueves y me dice qué le ha parecido?». Si hay una duda concreta (el precio, el plazo, su socio), mejor saberla ahora. Y si al final es un «ahora no», trabaja el seguimiento con fecha y con algo nuevo que aportar cada vez.
¿Cómo puedo preparar muchas reuniones sin pasarme horas investigando?
Con una herramienta que haga la parte mecánica. Coworky busca negocios por sector y municipio, comprueba su web oficial, si es adaptable al móvil, si tiene HTTPS, reservas o tienda online, y genera un informe con IA con el encaje, las preguntas clave, un guion y las objeciones probables, solo con hechos comprobados. Tú dedicas el tiempo a lo que la herramienta no puede hacer: leer las reseñas y pensar qué vas a llevar.


